Walipini, las ingeniosas huertas subterráneas "made in Bolivia" que pueden resistir al clima extremo del Altiplano

Los Walipinis son un poco mágicos. Con su aspecto tosco, de tejados casi al ras del suelo, pueden pasar fácilmente desapercibidos en medio del paisaje árido y sepia del Altiplano de Bolivia.
Y sin embargo, dentro, bajo tierra, pueden esconder un verde brillante, desproporcionadamente vivo en esta gigantesca planicie de clima extremo, donde al aire libre casi todas las plantas mueren.
Gabriel Condo lo sabe y por eso hace casi tres años decidió construir una de estas estructuras baratas e ingeniosamente simples, con la que ha podido mejorar la dieta de sus cinco hijos y aliviar el bolsillo.
"Ya no compramos verduras en el mercado, ahora las producimos aquí", me contó orgulloso frente a su Walipini, semienterrado a unos 4.000 metros de altura en un remoto lugar del departamento de Oruro, al final de media hora de viaje por una pista arenosa que se vuelve inaccesible cuando llueve.
Mucha gente los copió porque es una tecnología muy buena y muy útil", me dijo José Antonio de La Peña, un famoso presentador de la televisión nacional de Bolivia, que desde hace 25 años dirige el programa Bolivia Agropecuaria, con el que ha paseado por todos los rincones del país.
"Los construyeron en colegios, en comunidades, en pueblos", añadió De la Peña, que fue amigo de "El Suizo" y llegó a entrevistarlo para su programa.

"Fiebre de invernaderos"

La réplica de Walipinis durante la primera década del 2000 coincidió con una especie de fiebre de invernaderos en el Altiplano, alimentada por una ola de financiación europea para el desarrollo en Bolivia.
Muchas organizaciones hicieron proyectos con distintas carpas solares para mejorar la dieta de la población, basada casi exclusivamente en carbohidratos y proteínas -quínoa, papa, maíz y llama-, y para darles a las familias andinas una herramienta con la que garantizar su seguridad alimentaria frente a los efectos del cambio climático.

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